Todavía hace un par de años, pensaba que el optimismo y la sonrisa constante, eran un signo inequívoco de la falta de razonamiento y sensibilidad, una solución fácil a los sentimientos de impotencia e ira. Estaba equivocada.
Nada más fácil que buscar a la persona que ya no nos ama, sumirnos en la depresión pensando en lo mal que actuamos. Nada más fácil que enojarnos y gritar, golpear, porque las cosas no salieron como esperábamos. Nada más fácil que dejarnos llevar, que sumergirnos en el mercado de la depresión, después de todo hay música, películas, libros, todo con el tópico seleccionado para seguir en el llanto, para vestirnos de tristeza. Por supuesto también existen los productos para aquellos que deciden salir adelante, subir la autoestima, convertirse en personas de calidad, aunque sólo sean propuestas con soluciones momentáneas. Por el contrario, aquellos cuyas propuestas son la disciplina y la constancia, no parecen formar parte de los stantes en las tiendas, porque requieren un esfuerzo verdadero, una gran fortaleza. Porque sus principios radican en la humildad, en la aceptación de nuestra pequeña existencia, y es este sentimiento el que podría llevarnos en algún momento, a la verdadera paz. Y como piezas de dominó que van callendo una a una, posterior al sentimiento de paz habrá de llegar esa sonrisa que no es sino el amor compartido hacia los otros, sin búsquedas inútiles, sin expectativas… es el amor que se da porque no se tiene otra cosa para dar.
sábado 20 de junio de 2009
domingo 29 de junio de 2008
Arañita tejedora de frases

Arañita tejedora de frases, sutil tenacidad es tu arte, qué pericia sintáctica demuestras. No sé, omito halagos porque objetives mi existencia.
Arañita tejedora de frases, justificas necedad con vocación y en tus desesperanzas imploras versos eficaces. No desesperes artrópodo letrado, no es poca tu habilidad en lo emprendido, es sólo mi incredulidad en tu objetivo: no me intereso. Es verdad, no hay nada más asqueroso que una araña.
Arañita tejedora de frases, reconozco tu trabajo impecable y, porqué no decirlo, innecesario, absurdo quizá. No soy una mosca Arañita, te lo he dicho ya. No me mires con esos cuatro pares de ojos tristones, ni abras tu boca con enfado, piensa, mi decisión es resultado de una simple reflexión, soy la obsesión de tu caza porque no puedes abrirme, romperme, leerme, de ser así me habrías dejado vacía y sola.
Arañita tejedora de frases, llama al deseo. Escucha los anhelos de las voces descubiertas, aferradas a tu lírica asechante. Absorberás de sus cuerpos el misterio, la luz nacida de la fe. Dejarás la habitación vacía, nocturna, las mirarás como cuerpos sin valor ya. Y te irás con tus ocho peludas patas, en un andar desagradablemente veloz.
Junio, 2008.
Arañita tejedora de frases, justificas necedad con vocación y en tus desesperanzas imploras versos eficaces. No desesperes artrópodo letrado, no es poca tu habilidad en lo emprendido, es sólo mi incredulidad en tu objetivo: no me intereso. Es verdad, no hay nada más asqueroso que una araña.
Arañita tejedora de frases, reconozco tu trabajo impecable y, porqué no decirlo, innecesario, absurdo quizá. No soy una mosca Arañita, te lo he dicho ya. No me mires con esos cuatro pares de ojos tristones, ni abras tu boca con enfado, piensa, mi decisión es resultado de una simple reflexión, soy la obsesión de tu caza porque no puedes abrirme, romperme, leerme, de ser así me habrías dejado vacía y sola.
Arañita tejedora de frases, llama al deseo. Escucha los anhelos de las voces descubiertas, aferradas a tu lírica asechante. Absorberás de sus cuerpos el misterio, la luz nacida de la fe. Dejarás la habitación vacía, nocturna, las mirarás como cuerpos sin valor ya. Y te irás con tus ocho peludas patas, en un andar desagradablemente veloz.
Junio, 2008.
miércoles 30 de enero de 2008
Inesperado Festín.
-¡Papá, mira, qué bonito patito, como el de la tele!--No pequeñita no es un pato, es un pollo, son muy lindos a los niños como tú les encantan-, dijo el empleado de la tienda dirigiéndose a la niña, -¿Va a llevar uno Don Luis?-, preguntó amablemente colocando una mano en la jaula con la certeza de una respuesta afirmativa.-No, muchas gracias-, respondió éste mientras su rostro naturalmente pálido tomaba un tono espectral, su cabeza temblaba de forma casi imperceptible, no así su ojo derecho que parecía jugar arbitraria y tozudamente con los deseos de su dueño.
La niña mirándolo dulcemente con ojos desesperados de solicitud y el animal picando el suelo de la jaula, revivían recuerdos desagradables de un suceso trágico: un niño corre feliz por el pasto seguido por un concierto de bolitas amarillas, un paso sobre el herbaje, una piedra que no debería estar, pero su existencia es tan veraz que provoca la pérdida de equilibrio del pequeño Luis, quien divertido por el suceso da un paso hacia atrás simulando con las manos una posición de espadachín, viene la agitación, el pie siente, los ojos horrorizados buscan la escena, el niño camina ausente hacia la casa, se acuesta en el sofá y permanece ensimismado por dos días a 37º de temperatura en un mundo sin sonido. Victoria, hermana mayor de Luis y espectadora de la escena, miró preocupada al niño y su maroma para no caerse, vio sorprendida a la pequeña criatura amarilla y después roja piando con las vísceras fuera. Estúpida comiéndose a sí misma mientras las demás concurrían apresuradas a pelear por el festín, los miembros eran prontamente visitados por los picos diminutos de los pequeños emplumados, los estiraban, los movían, los digerían. Victoria tuvo que introducir el cuerpo del pequeño animal en una caja con orificios que permitieran la entrada de aire, "no seré yo la que termine de matarlo" -pensó- le sorprendía la fuerza del animal cuya emisión de sonidos agudos hacían dudar la cercanía de la muerte.
Al tercer día, Luis estaba restablecido, comía frituras mientras veía divertido los programa infantiles en el televisor. Su madre se encontraba en la cocina con la vecina contándole los pormenores del suceso. Luis, a unos pasos de allí, sintió un temblor constante en su ojo derecho, decidió salir de la casa y no pensar en lo que estaba escuchando pero algo lo detuvo, algo retenía su atención en la conversación, le faltaba saber cómo había concluido todo. Imaginaba lo que oía, el animal encerrado en el cuarto de cartón, los lamentos de la familia que, tras horas de escuchar el piar constante y desgarbado, su compasión había sucumbido al hartazgo: el pollo se resistía a morir y su canto triste y recurrente les traía la imagen del pollo con las vísceras colgando. La heroína fue Victoria -frente a la combinación de asco y desagrado de su madre y hermanos-, introdujo la caja en una bolsa negra, tomó la boca de la bolsa y la unió a la suya anteponiendo su mano como un puño cuasi cerrado que dejaba pasar el aire, lo aspiró hasta acabar con la poca vida que allí yacía. Luis, imaginando los últimos movimientos, casi podía escuchar el piar débil del pollo dentro de la oscuridad abismal en el espacio de cartón.
El hombre tomó bruscamente a su hija del brazo, caminaba rápido y nervioso fuera del lugar mientras la niña en su confusión y prácticamente colgada de él, hacía flotar sus piecitos rozando de vez en vez la banqueta de la avenida. Tras avanzar una cuadra, furioso y descontrolado, bajó el rostro hasta encontrarse con la mirada asustada de la niña -¡Compraremos un perro!-, le dijo con enfado.
jueves 17 de enero de 2008
Detrás de nueve letras.

Tus letras no enlazan palabras
Tejen versos por espirales infinitas
Tus tildes no agregan sonido
Rompen diptongos tristes,
de voces muertas.
Estás detrás de nueve letras
Repaso
tu nombre con signos
visto
mi voz con tus sílabas
combino
tú palabra y la mía
rozo
el pudor de nuestra lengua
Me preguntas cuándo
terminarán los signos,
Cuando se decida devorar,
Saciar impulsos, terminar
Con los juegos de motivos
Ortográficos y risas sintácticas.
Tejen versos por espirales infinitas
Tus tildes no agregan sonido
Rompen diptongos tristes,
de voces muertas.
Estás detrás de nueve letras
Repaso
tu nombre con signos
visto
mi voz con tus sílabas
combino
tú palabra y la mía
rozo
el pudor de nuestra lengua
Me preguntas cuándo
terminarán los signos,
Cuando se decida devorar,
Saciar impulsos, terminar
Con los juegos de motivos
Ortográficos y risas sintácticas.
Carlota café.

Carlota café es una estrella de cinco picos.
En el día es estrella de arena y el mar la saluda: Caar-looo-taaaa, le dice moviéndose de un lado a otro. Caar-looo-taaaa, “¿tienes frío?”, le pregunta. Carlota dice que no y se extiende para mojar sus cinco picos.
Por la noche es estrella de cielo y las lechuzas murmullan: Mu mu, carlota, mu mu. Carlota les dice: “la luna sonríe, debe estar soñando algo lindo, no murmuren alto, no queremos despertarla.
Carlota café es una niña en el columpio.
El columpio se mese animado, Carlota grita: “¡Más fuerte, más fuerte, tenemos que alcanzar aquella guayaba!”, “¿cuál?”, pregunta el columpio, “esa que se esconde detrás de la hojarasca”, contesta divertida Carlota.
El viento de la tarde acaricia sus trenzas doradas, sus piesitos bailan colgados del columpio y los zapatos hablan: “Ya casi Carlota, estírate un poco más” dice el derecho, “Ahí está, es amarilla como la tarde soleada”, dice el izquierdo.
Carlota café es una flor de Gardenia.
Por el día el colibrí canta: “Despierta Carlota, ya ha salido el sol”, y Carlota sonríe: “esparciré mi perfume en tus plumas para que lleves mi olor en tus alas”.
Inicia su sueño con el ocaso del sol y la llegada de la luna: “hola pequeñita, duerme bien”, le dice sonriendo mientras la mira cerrar sus pétalos de ojos.
En el día es estrella de arena y el mar la saluda: Caar-looo-taaaa, le dice moviéndose de un lado a otro. Caar-looo-taaaa, “¿tienes frío?”, le pregunta. Carlota dice que no y se extiende para mojar sus cinco picos.
Por la noche es estrella de cielo y las lechuzas murmullan: Mu mu, carlota, mu mu. Carlota les dice: “la luna sonríe, debe estar soñando algo lindo, no murmuren alto, no queremos despertarla.
Carlota café es una niña en el columpio.
El columpio se mese animado, Carlota grita: “¡Más fuerte, más fuerte, tenemos que alcanzar aquella guayaba!”, “¿cuál?”, pregunta el columpio, “esa que se esconde detrás de la hojarasca”, contesta divertida Carlota.
El viento de la tarde acaricia sus trenzas doradas, sus piesitos bailan colgados del columpio y los zapatos hablan: “Ya casi Carlota, estírate un poco más” dice el derecho, “Ahí está, es amarilla como la tarde soleada”, dice el izquierdo.
Carlota café es una flor de Gardenia.
Por el día el colibrí canta: “Despierta Carlota, ya ha salido el sol”, y Carlota sonríe: “esparciré mi perfume en tus plumas para que lleves mi olor en tus alas”.
Inicia su sueño con el ocaso del sol y la llegada de la luna: “hola pequeñita, duerme bien”, le dice sonriendo mientras la mira cerrar sus pétalos de ojos.
lunes 17 de diciembre de 2007
No entender porqué.
Sinceramente desconozco los motivos por los cuales una persona siente la terrible necesidad de buscar a otra, de escucharle, de mirarle, como si en su ausencia se le fuera la energía, la fuerza, la vida.
Me parece inverosímil todo esto, como si el razonamiento se hiciera a un lado para dejar pasar este cúmulo de sentimientos, sentimientos que no tienen fundamento, futuro, expectativa, y sin embargo ahí están, con tu rostro, tus sonrisas, tus palabras como eco estridente en el vórtice de la nada. Nada más tedioso que una pelea contra sí mismo, contra la paz, el equilibrio que uno había sido. Primero la soledad, luego tú, y después tú. No es contra ti, es contra mi. Tengo miedo a lo que siento, tanto miedo, y enojo, y rabia, y quizá lo más molesto sea no entenderlo. No entender porqué.
Me parece inverosímil todo esto, como si el razonamiento se hiciera a un lado para dejar pasar este cúmulo de sentimientos, sentimientos que no tienen fundamento, futuro, expectativa, y sin embargo ahí están, con tu rostro, tus sonrisas, tus palabras como eco estridente en el vórtice de la nada. Nada más tedioso que una pelea contra sí mismo, contra la paz, el equilibrio que uno había sido. Primero la soledad, luego tú, y después tú. No es contra ti, es contra mi. Tengo miedo a lo que siento, tanto miedo, y enojo, y rabia, y quizá lo más molesto sea no entenderlo. No entender porqué.
sábado 27 de octubre de 2007
Las despedidas me pertenecían.
Te despedirás como nunca lo habías hecho porque las despedidas me pertenecían. Tomarás la maletas que no quieres llevar y dirás "llámame". Sonreirás con los ojos tristes y cerrarás el portón semiblanco. El auto encenderá y partirá con la imagen de mis hermanos diciendo adiós a través del cristal trasero. Adiós.
Me quedaré a tratar de terminar Fausto de Goethe, o al menos haré el intento, como lo he hecho miles de veces. Buscaré las presencias para ignorar las ausencias, sus ausencias, que me seguirán como fantasmas malditos arrastrando las cadenas y gritando insufribles aullidos. Y subiré el volumen de mi distracción, y comeré con tortillas la ausencia como si fuera sal, y reiré a carcajadas la peste de saberte lejos.
Me quedaré a tratar de terminar Fausto de Goethe, o al menos haré el intento, como lo he hecho miles de veces. Buscaré las presencias para ignorar las ausencias, sus ausencias, que me seguirán como fantasmas malditos arrastrando las cadenas y gritando insufribles aullidos. Y subiré el volumen de mi distracción, y comeré con tortillas la ausencia como si fuera sal, y reiré a carcajadas la peste de saberte lejos.
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